La única opción del PSOE

¿Qué pasará después de las elecciones? Adelanto mi previsión: una coalición de PP (sin Rajoy) y Ciudadanos formará gobierno, sin mayoría parlamentaria absoluta, con la abstención del PSOE. Los socialistas exigirán a cambio (también lo hace Albert Rivera) la salida de Rajoy y determinados compromisos sociales y de regeneración política, por otra parte ya concertados con Ciudadanos en el programa de la fallida coalición PSOE-Ciudadanos. En mi opinión esa es la salida más probable porque es la única opción que tiene el PSOE: ha decidido no coaligarse con Podemos-Unidos, no quiere la “gran coalición” y no puede permitir que Rajoy siga en el poder con su voto.  Es también la única manera de mantener unido al partido y presentarse como el facilitador de la gobernabilidad, “por responsabilidad”, sin renunciar a ejercer la oposición. De esta manera se evita que Podemos ejerza el monopolio de la oposición, lo que a largo plazo llevaría al PSOE a la irrelevancia. Otra ventaja de esta salida, la única que puede romper el bloqueo y evitar unas temibles terceras elecciones, es que refuerza la centralidad del PSOE y le permite definir su perfil político influyendo en la tarea legislativa.

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En las declaraciones de los dirigentes del PP tras el sorpasso se percibe fruición apenas contenida

Creen que así pueden plantear las próximas elecciones como una opción entre la moderación (que creen representada por Rajoy y confunden con la inanidad de éste) y el extremismo. Creen que un PSOE disminuido y que rechaza la coalición con Podemos por razones de la propia supervivencia, no tendrá más opción que pactar con el PP. Pero la estrategia popular es arriesgada y a largo plazo puede ser nefasta. Parece ignorar que la coalición orquestada por Podemos no deja de crecer y que la gran coalición le sumaría más votos a esa nueva izquierda que monopolizaría la oposición y que cree oler poder y por ello asume cierto pragmatismo. El sorpasso del PSOE, hoy, puede ser el sorpasso del PP en el futuro con la ayuda de los electores del PSOE desencantados si su partido pacta con un PP marianista y derechizado. El recurso al miedo puede valer para movilizar el electorado conservador pero no vale cuando la mayoría se ve empobrecida y sin expectativas de futuro, e indignada frente corrupción. El miedo de los perjudicados no es a Pablo Iglesias, Errejón, Garzón, Carmena… sino a la continuidad de quienes representan más de lo mismo. Señores del PP, si quieren evitar que Podemos pueda llegar al poder de alguna forma, cambien de políticas, recuperen apoyos sociales, dejen de mentir y de ser inmisericordes con los que lo pasan mal, renueven a fondo el partido y elijan dirigentes con credibilidad frente a la corrupción. De lo contrario, a la larga, los verdaderos antisistema habrán sido ustedes.

Nada es lo que parece

No es cierto que los ciudadanos rechacen los debates políticos y no los comprendan. Lo que rechazan son las polémicas trucadas que esconden intenciones poco confesables. La política española está plagada de simulaciones y casi nada es lo que parece. Así, Susana Díaz y Pedro Sánchez aparecen enfrentados sobre si el congreso del partido se ha de celebrar en febrero o más adelante, algo que para la mayoría resulta pueril e incomprensible, mientras que lo que se debate es quien liderará el partido en las próximas elecciones. A los ciudadanos lo que les indigna es que los políticos, empezando por Rajoy, disfracen sus verdaderas intenciones y sus ambiciones personales con constantes invocaciones al interés de los españoles, la gobernabilidad (un eufemismo en ascenso que busca justificar lo políticamente difícil de explicar), el patriotismo o  la integridad de España (o, al contrario, el derecho a decidir). Con razón se ha escrito que la política parece un baile de disfraces.

Seguimos en campaña

En aras del interés nacional, que todos invocan y nadie concreta, el “indigno” Rajoy tiende la mano al “ruin y miserable” Sánchez. Todos actúan pensando en situarse lo mejor posible cara a las muy probables nuevas elecciones, haciendo propuestas para cargar sobre los demás la responsabilidad de tener que volver a las urnas. Estamos asistiendo a la precampaña de las próximas elecciones. Lo que se ve es tacticismo, cortoplacismo, inmediatismo…coartadas, hipocresía… ¿Qué pensarán los ciudadanos? No debería sorprendernos que en las próximas elecciones aumenten los votos en blanco y las abstenciones.

Del bipartidismo a la bipolarización

Tenemos un electorado volátil y un elevado porcentaje de indecisos. Se vota según afinidades, emociones e impulsos, no como resultado de un pragmático balance de quien gobierna y de las propuestas de quienes aspiran gobernar. Una anécdota puede derivar decenas de miles de votos hacia un partido u otro. Se explica así que días antes de las elecciones del 20D Rivera cayera ostensiblemente e Iglesias protagonizara una remontada. Todo esto refleja el desconcierto de los ciudadanos más allá de quienes, y no son pocos, votan por lealtad ideológica, partidismo o rechazo a otros partidos. Los líderes políticos lo saben y lanzan mensajes y silencios pensando en producir efectos en las elecciones inevitables. Ni siquiera podrá evitarlas el PSOE, que será el principal perjudicado -los electores siempre penalizan las divisiones internas de los partidos-, fracturado como está sobre si pactar o no y con quien. La lucha ahora, tras el declive del bipartidismo, ya no es tanto por el elector de centro como por los numerosos indecisos a izquierda y derecha El bipartidismo ha dado paso a la bipolarización. La campaña electoral comenzó el 21 de diciembre, una vez hechas las cuentas de los resultados del 20D, y el debate versa sobre pactar con quién, no sobre pactar qué. No se sorprendan, habrá notables desplazamientos de votos.